El Románico

Cuando observamos los templos románicos, casi siempre olvidamos o ignoramos cómo eran en sus orígenes y cómo les gustaba verlos a la gente de aquella época, cuyos estereotipos de belleza difieren ligeramente de los nuestros. 

En sus orígenes, en los templos románicos, no se podía ver un solo centímetro de piedra, es más, la visión de la piedra limpia era señal de dejadez o mal gusto. En el interior de las iglesias, todos los adornos, estructuras arquitectónicas(columnas, capiteles, vanos…) y la mayor superficie posible de los muros, se adornaban con pinturas al fresco con motivos de santos, pasajes bíblicos o heroicidades del Rey de turno. Además, los colores de las pinturas eran muy vivos, chillones y brillantes. 

Recreación de Sant Climent de Taüll. s. XII

Tanta pintura tenía varias razones de ser. La forma de construir del románico, donde los gruesos muros son los que sustentan los arcos y las bóvedas, no dejaba posibilidad de muchos ventanales para que entrara la luz, por lo que un modo de «iluminar» su interior era a base de colores brillantes que reflejaran la poca luz disponible. Otra razón era que en una época en que el analfabetismo del «pueblo llano» rozaba el 100%, estas pinturas donde se alababan las bondades divinas, papales o políticas eran el mejor medio que tenía iglesia y nobleza de hacer «publicidad». (Estos frescos junto a las escenas labradas en capiteles, porticos, etc, eran el «Hola» de la épocaSonriente)

Fuente: https://historiasconhistoria.blogia.com/2007/091001-rom-nico-en-colores.php

Sant Joan
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Santa María de Taüll
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Sant Clement de Taüll
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San Isidoro de León
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